El jefe sindical de la burocracia judicial de Buenos Aires, considera que habrá inseguridad cuando al menos se derriben helicópteros, sobre la ciudad.
Pero más allá que ese dirigente no considere peor que derribar un helicótero a las masacres contra el Pueblo Judeo-Argentino en la A.M.I.A y la embajada de Israel en Argentina, con un saldo sangriento de cientos de muertos y heridos la arrasada Ciudad de Buenos Aires está a cada minuto sometida a la delincuencia común y a la violencia cotidiana que agrede a toda la comunidad de la Capital Argentina y el conglomerado Conurbano Bonaerense, que rodea completamente a la Metrópolis.
Los más castigados, son los pueblos pobres que habitan el sur del conurbano bonaerense, cuyos sufridos y trabajadores habitantes no poseen helicópteros ni autos blindados para movilizarse desde sus hogares hasta la Ciudad de Buenos Aires donde tienen que concurrir para trabajar, debiendo hacerlo en sus automóviles comunes.
Estos pueblos del sur, todos los días sufren el padecimiento de que los grupos piqueteros cortan el puente que cruza el rio más sucio y contaminado del mundo, llamado “ riachuelo”, impidiéndole el paso a la gente del conurbano sur que necesita de llegar a Buenos Aires para trabajar.
Dentro de la Ciudad, otros piqueteros rompen los vagones de una de las mejores redes de subterráneos del mundo, y cortan las vías para que la gente no pueda circular en tan noble transporte público de pasajeros, arrastrando al caos a toda la población en la superficie.
Es que en la superficie, infinidad de piquetes diseminados por las principales avenidas de circulación hacen colapsar el tránsito, dejando a los automovilistas inmóviles e indefensos a merced de los asaltantes.
Atascados en esos piquetes, los ciudadanos son agredidos, asaltados y hasta asesinados por mano de los delincuentes que obran con placer y delectación, cuál dinamarqueses masacrando con crueldad y regocijo a los indefensos delfines calderones:
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